Ser coach es algo más que una moda. Es prepararse, es comprometerse, es formarse, acometer muchas horas de sesiones, diversas personalidades, adaptarse, moldear la plastilina de los problemas, quiebres y sensaciones; es tener la capacidad suficiente para creer y para ayudar a mejorar de forma firme y segura las diversas situaciones que se nos presentan día a día. Es ser versátil y flexible, y muy rápido para poder provocar un cambio de observador en el cliente, algo que cuándo sucede provoca resultados extraordinarios.

Es saber acompañar y generar contexto, una formación continuada en una profesión apasionante.

Yo distinguiría ser asesor, ser entrenador, ser analista, ser consultor, ser conferenciante de ser coach. Un coach acreditado, es un coach formado por profesionales a su vez formados en el tiempo por otros que siguen formándose, ser entrenado por líderes que a su vez forman líderes.

Ser coach es algo más que una moda, algo más que una palabra que suena bien y algo más que un oleaje en redes sociales. Ser coach, querer serlo, y poder llegar a serlo, aprendiendo día a día de todas las personas a las que acompañamos. Cuándo la moda pase, quedará el poso de estar presente como coach real, no como coach postural.

Hoy en día las modas nos marcan el paso, nos guían y nos trazan nuestra dirección y en muchos casos las etiquetas nos colorean el presente distorsionando el dibujo del futuro. A veces le damos más importancia a la forma que al fondo, y eso tiende a desubicarnos en el mejor de los casos, o a frustrarnos y desvalorizarnos en el caso más severo.

La realidad es más simple que todo esto.

Es aceptar la situación que vivimos, saber qué valor añadido llevamos en nuestra mochila, potenciarlo y aprovecharlo, dar un servicio diferencial basado en la especialización de lo distinto. Tendemos a querer saber y opinar de todo, a ponernos la capa de la globalización y beber de la jarra de la información, y a veces tanta información desinforma. Lo simple deja paso a lo enrevesado y la frase “la vida es complicada” se vuelve nuestro mantra.

A veces ser sencillo es tan difícil que nos parece un estilo pasado, una moda en desuso, un objeto sin valor. Ser sencillo no está de moda pero es lo que nos provoca más satisfacciones, más desahogos; más pausas en un mundo cada vez más agitado y que funciona a velocidad de vértigo. El tiempo como bien preciado, escaso y lujoso para unos, para otros es algo sin valor por exceso del mismo.

En ocasiones queremos correr demasiado, y la paciencia y el tiempo viajan de la man., Hoy en día está de moda ser coach; lo vemos en la televisión, en programas de moda, en diversos deportes, en profesores de baile, en entrenadores personales, en asesores de moda, etc. Es una palabra que atrapa, es una palabra redonda y con mucho fondo, es una palabra muy cool.

La globalización, tan generosa en su fondo, a veces nos falla en las formas. Queremos ser lo que está de moda y también marcar las modas.

Un coach no da consejos ni juzga, pero sí puede aportar un valor real en las sesiones individuales o grupales, con su punto de vista y su energía, inspirando pasión, actitud, y confianza en que podemos cambiar nuestro estado, y que depende solamente de nosotros mismos. El primer paso para el cambio es darle la vuelta a una situación o un modo de ver las cosas que hace que no avancemos.

Como decíamos en artículos anteriores: “La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena es que tú eres el piloto.”

 

Avanti siempre

 

JC

 

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