Si la pasión es la energía de la vida y todos somos energía en movimiento, ¿que puede salir mal?

Como decía, todos irradiamos algo, como transmitimos, que proyectamos, como definimos nuestra marca personal buscando ser cada día nuestra mejor versión y como llegamos a los demás, o como recibimos lo que nos transmiten, que energía desprendemos, en este sentido somos códigos binarios, podemos desprender una luz intensa, que contagie a los demás con nuestra energía positiva, nuestra pasión y nuestra actitud ganadora o al contrario podemos transmitir colores grises, mensajes pesimistas, plomizos y perdedores.

En algún momento has sentido que tras reunirte o pasar tiempo con personas pesimistas, que siempre adoptan un rol de victimas y que hacen de la queja su bandera, tu nivel de energía baja, somatizas y te sientes más cansado, viendo las cosas con menos luz de las que las veías antes de entrar en su círculo que a la postre siempre se vuelve vicioso de si mismo y presa de su propio mago gris.

A este tipo de personas, que existen y cada vez son más legión dentro de esta sociedad de paro infinito, de desmotivación laboral, de crisis emocional, existencial y monetaria, así como de crecientes olas de pintura y retoque en redes sociales, se las denomina gente tóxica, ¿y que podemos esperar de esta gente que baja mis niveles de energía como si fueran vampiros emocionales?

Las personas tóxicas no escuchan, son victimistas por decreto, te hacen sentir culpable de tu propio optimismo y felicidad, son exigentes y tiranos, hacen de menos tus logros y la consecución de objetivos y la crítica gratuita es la bandera de su castillo de juicios gratuitos.

Cuándo nos juntamos con este tipo de personas nos solemos sentir culpables de nuestro estado de ánimo y a veces nos dejamos llevar en su barca surcando el mar de las dudas y prejuicios de nuestro día a día, muchas veces por empatizar u otras veces por entrar en polémica nos hacemos de menos y no exteriorizamos nuestros verdaderos pensamientos sobre situaciones que estemos compartiendo con ellos ya sean laborales o personales.

Ese es el síndrome de la oveja negra, de saberse distinto y no querer sacar a relucir nuestra verdadera energía, lo que pensamos o como lo gestionamos, en ese momento es en el que somos presos de la energía negativa de los demás que no por pensar diferente están en lo correcto.

Os animo a que apeléis a vuestra autoconfianza por encima de todo, a creer en vosotros mismos, a fomentar la comunicación con los demás, a no guardaros nada y a ser simplemente auténticos por que en ese momento darás la mejor versión de ti mismo sin esperar nada a cambio y estando por encima de críticas gratuitas y negativas.

Y en ese mismo momento, tu energía te presenta, incluso antes de hablar.

¿Quién quieres ser?, ¿Cómo quieres que se sientan los demás cuándo están contigo?

Eres dueño de tu propio destino, y al fin de todo, tú decides brillar o iluminar.

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