En la época estival, cuándo aprieta la canícula y las playas españolas se llenan de veraneantes, tan clásico como la paella y el relax vacacional son los fichajes que llenan las portadas de diarios deportivos y la ilusión de los aficionados.

Fichajes que vienen a renovar equipos, caras nuevas que hacen que las expectativas sobre el papel que desempeñaran sean altas, ilusiones sobre las jugadas, goles o triunfos que los nuevos van a aportar.

LOS FICHAJES Y LA MOCHILA DE LAS EXPECTATIVAS

Cláusulas, dimes, diretes, negociaciones interminables que van alimentando a la afición con ganas de ver al determinado crack vestido con sus colores.

Estas expectativas son la mayoría de veces alimento de grandes frustraciones, futbolistas que llegan a una nueva ciudad, entorno, equipo, compañeros, etc y que deben tener un proceso de aclimatación y aprendizaje a sus nuevos contextos, eso a veces provoca que el propio jugador, ante todo persona tenga cuadros de ansiedad por responder a todo el dinero pagado por su traspaso y todo lo que se supone que va a hacer desde el minuto uno.

Esa presión infinita le llena la mochila de piedras y hace que cuándo antes volaba ahora simplemente corra, que el miedo al fallo le provoque bloqueos, parálisis y todos los goles y regates que antes salían fluyendo ahora sean oportunidades perdidas, lamentos y agarrotamiento de piernas.

Presiones que somatizan en forma de lesiones musculares, en forma de no atreverse, de no participar, de no arriesgar remates y pases y de que la confianza vaya abandonando el barco tirándose por la borda. Críticas de la afición, de la presa, sospechas en el entorno directivo de que quizás la inversión pueda resultar una gran pérdida y el sol cada vez ilumina menos la maravillosa ciudad y club que le dio la bienvenida.

Dudas, esas que atormentan, y bloqueo y ansiedad para desayunar, todo esto pasa y todo esto se pasa con el trabajo adecuado, con el foco adecuado y con la aceptación adecuada, muchas veces queremos controlar situaciones que escapan a nuestro control y esa no aceptación de determinados estados nos lleva a montarnos en el barco que navega sin timón, rumbo ni destino.

En el coaching deportivo trabajamos la aceptación, la visión, la confianza y el compromiso, ese que perdemos cuándo no sabemos realmente si queremos estar dónde estamos y si queríamos venir dónde vinimos. Al fin y al cabo en verano todo el mundo es feliz en la playa pero hay que trabajar en los retos y objetivos que queremos alcanzar fuera de ella.

En el proceso de coaching con deportistas los resultados son extraordinarios, entendiendo que son ellos los que tienen la capacidad de cambio de observador, nosotros los coach acompañamos y orientamos en ese viaje apasionante que es una nueva aventura deportiva.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies