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En la antigua Roma, los gladiadores eran reconocidos, idolatrados, seguidos y vitoreados, bajo la política del pan y circo romano, eran ídolos de masas y provocaban el deseo y el sueño de vivir esa vida de aventura, peligro y recompensa que les hacía célebres y famosos en los carteles del gran Circo.

Pero la palabra presión hacía mella en muchos de ellos que acababan masticando la derrota en la forma más amarga que se puede presentar, todo se limitaba a ganar o perder, y en la arena del circo las habilidades, la fama o las altas expectativas que se tenían de muchos de ellos acababa por ser el comienzo de una derrota que dejaba muchas veces secuelas imposibles de revertir. Una vez más la frustración a lomos de sus dos negros caballos llamados decepción y desilusión volaba y teñía de un oscuro negro la dorada fama de esos atribulados atletas.

Hoy en día y con la llegada del verano, el sol alumbra las playas y la sensación de relax y libertad imperan en esta época estival cubriendo de expectativas a diversos deportistas de alto nivel que fichan por nuevos equipos, visten camisetas de diferentes colores y dónde la ilusión y el deseo alumbran su seguro éxito en la inminente temporada. Los deportistas de élite son los nuevos gladiadores.

Siempre digo que las expectativas son el alimento de las frustraciones, muchas veces jugamos los partidos meses antes de la llegada de los mismos, soñamos con jugadas que este nuevo fichaje acometerá con sus más que probadas habilidades y una lesión, una pérdida de confianza, una mala aclimatación, una posición diferente de juego o una mala comunicación con el mister puede afectar de manera cualitativa y cuantitativa en el rendimiento, teniendo como resultado una frustración importante a nivel personal y social.

Podemos domar al salvaje caballo de la frustración de dos maneras, una alimentándole con excusas lo que le hará ser cada vez más fuerte e indomable y otra aceptar la situación actual, analizar porqué hemos llegado a ella y tomar acción poniendo foco en la situación ideal que queremos tener. El acompañamiento, la dirección y el análisis en estos casos son básicos y ojo no hablamos de consejo o de juicios algo que está tan de moda en el entorno de los deportistas y que muchas veces vuelve tóxico ese aire que respiran.

No son dioses, son personas con inquietudes y preocupaciones, con deseos y con miedos lo que los hace muchas veces inseguros bajo esa capa de invulnerabilidad infinita. El personaje muchas veces fagocita a la persona lo que hace que el resultado sea desastroso, ejemplos nos sobran de grandes mitos caídos al abismo.

Cuándo los días se vuelven más cortos, el sol de verano se esconde y la oscuridad y el frío van arropando las ciudades, en ese momento la frustración cae sobre muchos y la camisa de la expectativa se hace más y más pequeña dejándonos respirar lo justo para asistir en la prensa, en la calle y en la televisión a debates y juicios sobre este o aquel ídolo que hoy ya lo es menos.

Todo es efímero por eso no hay que perder de vista que no hay que alimentar las expectativas, hay que ser cauto y sobre todo que nuestros juicios sean fundados en hechos no en opiniones triviales o modas de verano.

El coaching deportivo sirve para ayudar a controlar las expectativas, a gestionar las frustraciones si se producen y sobre todo, a no perder nunca la perspectiva basándonos en la confianza y agitando la bandera de la actitud.

Gladiadores, a jugar.

JC

 

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