Vivimos en un sociedad dónde cada vez hay más divorcios, separaciones y cambios de rumbo vital, lo que ayer eran vino y rosas hoy son tormentas y tempestades, las separaciones deberían ser coherentes, dolorosas es obvio por que somos seres emocionales, algunos más que otros pero siempre coherentes y maduras.

Sobre todo si hay hijos de por medio, hijos de los dos, de la pareja, hijos que necesitan tanto al padre como a la madre, que necesitan comunicación, afecto, comprensión y respeto, sobre todo respeto, el que no le tienen algunos de sus progenitores cuándo los usan como arma arrojadiza contra el otro, el que antes era nido de amor ahora es zona de guerra. Cuidado con lo que estamos sembrando en la cabeza de los inocentes.

Se conoce como síndrome de alineación parenteral, y se produce cuándo alguno de los progenitores manipula a su hijo para que odie sin justificación al otro.

Eso produce una presión monumental a los hijos que se ve reflejada en bajo rendimiento, estrés, baja autoestima, falta de concentración, ansiedad, etc.

Flaco favor le estamos haciendo al niñ@ cargándolo de odio, pólvora y fuego, con eso ponemos la responsabilidad del fracaso en la convivencia en el otro, olvidándonos de lo que nuestro hijo necesita y de las piedras tan infames que le colocamos en la mochila de su vida, esa que va a llevar durante años y le va a pesar en muchas situaciones, la herencia que le estamos dando es pésima y todo por seguir alimentando la llama del odio frente al contrario.

Lanzo un alegato a favor de la comunicación, al menos por los hijos, la justicia, de no manipular, no mediatizar ni hacer que visualicen situaciones irreales para en ese momento pensar que tenemos la victoria moral al saber que la otra parte sufre, lanzo un alegato a los padres y madres deprimidos a punto de arrojar la toalla para que luchen por sus hijos por muy injusta que sea la decisión, con comunicación llegaremos a las zonas de confianza dónde podemos tender puentes y construir bases sólidas de afecto y de realidad desde la naturalidad, el amor y la coherencia.

A los padres y madres que viven en el rencor les diría que la vida es corta y puede ser realmente bella, que merece la pena vivirla y abrir las ventanas, ventilar las emociones, dejar entrar la luz y respirar, y sobre todo, merece la pena disfrutar del crecimiento de los hijos desde la naturalidad, el compromiso y el cariño verdadero. Guarden las armas en el armario, y sonrían al ver la sonrisa sincera de sus hijos.

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