La definición de reino de taifas indica que son pequeños reinos independientes y sistemas que continuados en el tiempo llevan a situaciones de desorden y anarquía basados en la continuada falta de comunicación y las pocas o nulas ganas de entendimiento.

 

Hoy en día, en muchas empresas, principalmente grandes compañías con muchos trabajadores esta definición de reino de taifas que deja un aroma de clima laboral tóxico nos es familiar, no por estar habituados a ello deja de ser una situación preocupante y que va lastrando la velocidad de la empresa y la toma de decisiones así como el servicio al cliente diferencial.

La comunicación entre departamentos, entre sistemas y entre personas es el arma más poderosa para llegar a ser una compañía que esté por encima de bajadas de precios, márgenes, crisis sectoriales, amenazas de competencia, etc. Si uno se sabe fuerte en la base por que la suma de los equipos es poderosa se puede vencer a cualquier amenaza interna o externa.

La falta de comunicación lleva a la desconfianza, a que los procesos sean más revisados, menos naturales, mucho más lentos, a querer ser más que el compañero, a que las etiquetas y los juicios afloren y sobre todo, a provocar situaciones más propias de un colegio que de empresas dónde la profesionalidad, el compromiso y el compañerismo se presupone, aunque eso sea demasiado atrevido y utópico en muchos casos.

La desconfianza lleva a la desmotivación, al no compartir ideas por que caen en saco roto, a dormir el talento, a no trabajar con energía y pasión y sobre todo a la resignación desde la no aceptación de un día a día que cada vez se hace más pesado, más gris y más monótono. Trabajar sin retos, sin pasión y sin ilusión son grilletes demasiado pesados para una persona, para un equipo al que se le exigen resultados desde el ego plus más impenetrable.

Cuándo estas personas se miran al espejo de la autoconfianza descubren que se ha roto, que ya no les devuelve la imagen fresca, con decisión del que se sabe importante, del que puede y debe aportar, del que es diferente y del que su valor añadido suma en un aprendizaje constante dónde se retroalimenta del talento y la suma de sus compañeros.

No preguntar, dar por hecho, no querer hablar, haber perdido la audacia y valentía de poner ideas encima de la mesa para aportar valor, para construir equipo, eso conlleva una travesía por las sombras de las máquinas de café, de los corros envenenados, del y tú más y del aumento del caudal del río del victimismo, un río cada vez más incontrolable.

Fomentar la comunicación, trabajar la autoconfianza, perder el miedo a preguntar y sobre todo a escuchar y ser escuchado, es básico para poner unas bases que son más importantes que los descuentos o entrar en guerra de precios en un mercado.

El capital humano es poderoso si se maneja de forma adecuada, nunca dejéis de creer en vosotros mismos y trabajar vuestra autoconfianza y vuestra autocompetencia, y sobre todo, nunca dejéis de ser vosotros mismos aunque el sistema o el mando directo pueda estar llevando el vehículo de la razón por sitios equivocados.

 

Y de repente me miré en el espejo y no vi limites en lo que quiero llegar a ser.

 

Avanti siempre

 

JC

 

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