El deportista y la zona gris

Claves y reflexiones sobre el deportista y la zona gris

Cuándo un deportista profesional (futbolista, atleta, boxeador, jugador de baloncesto,…) está entrenando y compitiendo activamente sin problemas de lesiones, de motivaciones o de preguntas más allá del día a día, consideramos que todo marcha bien con sus clubes y con sus entrenadores.

El problema es que en esta sociedad de pan y circo a los deportistas los vemos como máquinas. Superhéroes que no pueden fallar, que deben rendir siempre a tope de sus capacidades y que deben hacernos sentir bien con sus victorias, y si podemos aportar algo de épica en las mismas mejor. Los alzamos y endiosamos y a la vez los mancillamos y olvidamos. La vida del deportista a nivel profesional puede ser larga y exitosa, o muy corta y acabar sus días sumidos en tinieblas.

Desde aquí siempre abogamos el tratar a un deportista como lo que realmente es, una persona como nosotros, con sentimientos, con preocupaciones, con miedos, con ansiedades, angustias y en muchos casos con desorientación sobre qué hacer o dónde dirigir su carrera profesional o su vida personal.

La autoconfianza del deportista

Siempre trataremos primero a la persona, porque desde la persona pueden arreglarse los bloqueos o las dudas, así como ganar en seguridad y trabajar mucho la autoconfianza, el gran caballo de batalla del deportista. La energía interna de cada uno es primordial. Recordad que somos bombillas con patas, energía en movimiento, y muchos dejan de lucir cuándo se ven atacados o sacados de un plumazo de su zona de confort.

La llamada urna de cristal de un deportista se da cuando éste vive ajeno a los problemas sociales porque son millonarios, egocéntricos, desconfiados y el paradigma del carpe diem. No nos engañemos, no hagamos demagogia barata ni frivolicemos con estas situaciones. Unos pocos elegidos son multimillonarios, al igual que un gran número de deportistas ponen toda su vida al servicio de su pasión deportiva y no lo son. Este último grupo gana en muchos casos más dinero que la media, pero con un atisbo finito de su carrera y con una presión brutal sobre sus hombros.

La zona gris

La zona gris o la niebla la empiezas a notar el día en el que te acostumbras a vivir con molestias. A ver al fisioterapeuta más que a tu pareja. A desconfiar sobre los métodos de entrenamiento que siempre habían funcionado. A cuestionarte si realmente eres tan bueno en lo que haces. A alimentar tus miedos sobre nuevas lesiones o bajada de rendimiento. A dejar que tu cabeza enjuicie todas las decisiones que tomas en el día a día.

Cuándo un deportista se ve sumido en la zona gris baja drásticamente el rendimiento. Las lesiones más insospechadas aparecen y deja de leer su nombre en los periódicos. El teléfono suena menos y los gastos pesan más. Cuándo pasa esto la inseguridad nos visita y nos abraza para quedarse.

Hemos vivido casos dramáticos en auténticas figuras tras sus retiradas. Cuando uno pierde de vista los objetivos diarios y los retos semanales, aparece el vacío. Hay que hacer un trabajo de coaching efectivo (es el trabajo del coach deportivo) en estos casos y ayudar a quien tantas alegrías nos dio. Se trata de ayudar en primer lugar a la persona siendo solidarios y empatizando, sabiendo acompañarlos en una travesía difícil pero que con actitud y confianza en uno mismo tiene un bonito final.

Avanti siempre.

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