Exigencia vs Excelencia: Cómo te motivas

Vivimos tiempos convulsos. A nivel global las noticias que nos llegan son inquietantes, la pérdida de confianza es palpable, atentados que merman nuestra seguridad dentro de nuestro supuesto estado de bienestar, crisis económica que se ha instalado en nuestras vidas de forma alarmantemente cotidiana, aceptación de roles dentro del nuestra zona de confort y renuncia a intentar que la vida sea algo más que una rutina establecida por el estatus societario donde nos movemos.

Con la llegada del nuevo año llegan los propósitos: el que quiere ahorrar, el que quiere perder kilos, la gente que se propone dejar de fumar, conseguir un trabajo que le haga un poquito más feliz, dejar de esperar en la lista del paro a que llamen a su puerta, formar una familia, etc. A veces esos propósitos son meros sueños que vemos pasar como pasan las estaciones del tren, otras veces hacemos que el sueño se convierta en visión poniendo objetivos medibles y conseguirles, y sobre todo realistas. Ahora bien, es peligroso para nuestra autoconfianza y autoestima perder la perspectiva del los retos y sobre todo la gestión de los mismos.

Actuar desde la excelencia o desde la exigencia

A veces creemos que el camino hacia la excelencia es la exigencia y el querer ser o hacer las cosas perfectas. Ese es un error muy grande, amigos. Siempre debemos gestionar nuestro ser desde la excelencia, querer hacer bien las cosas o llegar a un objetivo marcado, sabiendo que se pueden cometer errores en el camino y no existe la perfección, sabiendo que debemos aprender de esos errores y convertirlos en áreas de mejora para volver a acometer el reto o la acción con más fuerza y una experiencia que nos ayudará a mejorar. Convertir los errores en retos para querer superarlos no en fracasos que nos hagan bajar la cabeza.

En una sociedad dónde damos cada vez más importancia a la imagen, a las redes sociales y al bien llamado postureo es importante no dejarse llevar por lo que podría ser y no soy, sino por que quiero ser y que estoy dispuesto a hacer para llegar a serlo. Es importante gestionar nuestros objetivos desde el reto de poder conseguirlos o desde la oportunidad de mejora si no los hemos conseguido. Si surfeamos las olas desde la exigencia podemos morir ahogados en nuestras propias frustraciones al no conseguir lo que queremos, la sensación de fracaso se instalará en nuestra cabeza y nuestra autoestima se verá afectada, esto nos marcará negativamente de cara a siguientes retos o situaciones vitales. Esto mermará nuestra confianza y nuestra actitud de cara a problemas que puedan surgir. Esto pasa en los estudios, en los trabajos, en facetas cotidianas de la vida.

No te exijas lo que no puedes llegar a ser, acepta tu condición y ponte objetivos realistas, conseguibles, medibles, gestiona los mismos desde la excelencia, desde el querer hacerlos bien sabiendo que puedes fallar y que puedes aceptar ese fallo para conseguir una mejora en el medio plazo, no un fracaso en el corto plazo. Y por encima de todas las cosas cree en ti mismo, con pasión y autoconfianza uno maneja su actitud frente a la vida de forma diferencial. No te rindas nunca y se constante. Avanti Siempre.

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